sábado, 22 de febrero de 2020

Necesidades psicológicas básicas y logro académico

La universalidad de la Teoría de la Autodeterminación. 


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En días pasados estuve atendiendo a un estudiante universitario, muy comprometido con su carrera. Resulta que inscribió una materia muy interesante y en las primeras clases confirmó que la profesora sabía mucho del tema. 

Sin embargo, al cabo de tres o cuatro semanas, retiró la materia. ¿Qué pasó con su motivación? 

¿Quiénes esperan apoyo de tu parte?, ¿Cuáles son sus necesidades psicológicas?, ¿Cómo les brindas ese apoyo? 

Los intereses vocacionales, sumados a las características de personalidad y las aptitudes, han sido vistos como garantía de elección vocacional, esto es, como un buen predictor para elegir carrera o, en este caso, elegir una asignatura dentro de un currículo flexible. 

El estudiante de nuestra historia se caracteriza porque tiene intereses, personalidad y aptitudes, muy afines al tema desarrollado por la asignatura que inscribió y retiró al poco tiempo. 

Utilicemos este caso individual para explorar la importancia de brindar apoyo a las necesidades psicológicas de los estudiantes en función de promover sus logros académicos. Y hagamos esta exploración apoyándonos en una investigación (Nalipay y otros, 2019) con una muestra de 92.000 estudiantes que participaron en la prueba Pisa. 

Las necesidades psicológicas básicas son autonomía, competencia y relación. Según la Teoría de la Autodeterminación (Ryan y Deci), si los docentes brindan un apoyo suficiente a estas necesidades, sus estudiantes tendrán mejores logros académicos. 

Por el contexto educativo, parece obvio admitir que si un docente apoya el desarrollo de competencias, sus estudiantes serán capaces de obtener mejores resultados académicos. 

Pero también funcionan muchos enfoques y, en el día a día, hay mucha variabilidad en la manera como cada docente dicta su materia; esto es así, en colegios y universidades. 

Y lo que los estudiantes deben hacer en el salón de clase y por fuera de él, en respuesta a lo planteado por cada docente, es el reflejo de cómo él concibe su rol y su quehacer como facilitador del aprendizaje de sus estudiantes. 

En la práctica sabemos que hay docentes de todos los estilos, algunos se orientan a brindar mucho apoyo y otros se preocupan muy poco por esto; algunos valoran mucho más el aprendizaje de las competencias, otros la autonomía y otros la relación con sus estudiantes. 

Esos estilos tan diversos pueden ser justificados según las circunstancias pero nos hacemos algunas preguntas: ¿Hay alguna relación entre brindar apoyo a las tres necesidades básicas y el logro de los estudiantes?, si la hay, ¿Esa relación es universal, es decir, aplica a estudiantes de diferentes culturas? 

Volvamos a nuestro caso individual: el estudiante que se retiró de esa asignatura, me contó que lo hizo porque “no logró conectarse con la profesora”, debido a que “ella no aceptaba la originalidad de sus propuestas” y él “no entendía” lo que la docente quería. 

Podemos interpretar este caso como el resultado de la frustración de un estudiante al no recibir suficiente apoyo a sus necesidades básicas psicológicas: a su autonomía (“no aceptaba la originalidad”), a su competencia (“no entendía lo que ella quería”) y a su relación (“no logró conectarse”). 

Si bien la propuesta motivacional de la Teoría de la Autodeterminación la podamos aplicar para comprender una situación individual, no nos responde las preguntas de cómo impacta el logro académico y si ese impacto puede considerarse universal. 

Retomemos brevemente, entonces, la investigación a la que nos referimos anteriormente: el objetivo principal del estudio fue evaluar si el apoyo a sus necesidades básicas psicológicas, percibido por los estudiantes, se asocia con su logro académico en las culturas occidentales y orientales. 

Para ello, se tomó una submuestra de 92.000 estudiantes del Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), compuesta por mujeres y hombres en partes iguales, aproximadamente. 

Los estudiantes fueron clasificados como pertenecientes a: 
  • Las sociedades occidentales: aquellos residentes en Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido y EE. UU., y en otro grupo, a 
  • Las sociedades orientales: los de Hong Kong SAR, Japón, Macau SAR, Shanghai , Corea del Sur y Taipei. 

Los resultados del estudio mostraron que el apoyo de las tres necesidades básicas se correlacionó positivamente con el logro en todas las culturas (en línea con la hipótesis de la universalidad transcultural de la Teoría de la Autodeterminación). 

Por otra parte, indicaron que la relación y el apoyo a la autonomía eran igualmente importantes para el logro de los estudiantes en las culturas occidentales y orientales, mientras que el apoyo a la competencia fue más importante para los estudiantes en Occidente que en Oriente. 

En conclusión, los hallazgos respaldaron “la relevancia intercultural” de la Teoría de la Autodeterminación y destacaron “importantes variaciones culturales” que los investigadores sugieren estudiar más adelante. 

En resumen, lo que le sucedió al estudiante universitario del caso individual que relatamos, le puede estar pasando a muchos estudiantes de colegios en muchos países del mundo y si queremos fortalecer su motivación, necesitamos encontrar la manera de apoyar efectivamente sus necesidades de autonomía, competencia y relación. 

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 Publicación basada en 
Autonomy is equally important across East and West: Testing the cross-cultural universality of self-determination theory, en https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0140197119302295?via%3Dihub

sábado, 15 de febrero de 2020

Los sueños no se hacen realidad..., “porque sí”

Guía para cumplir tus propósitos. 


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“Alimentación balanceada”, “dormir suficiente”, “descanso oportuno”, “hacer ejercicio”, “tener autocontrol”, “pasar más tiempo con la familia”, “estudiar”, “viajar”, “escribir un libro”… ¿Cómo van nuestros propósitos para este año? 

Ya estamos en febrero y puede ser que algunos de nuestros propósitos, no los hayamos iniciado o, peor aún, ya los hayamos abandonado. 

¿Cuáles son tus propósitos de este año?, ¿Cuáles no has iniciado?, ¿Cuáles te resultan más difíciles? 

Cumplir nuestros propósitos, en condiciones normales, depende de nuestra motivación para llevar a cabo las acciones necesarias. Por ejemplo: 

  • “Tener una alimentación balanceada”: depende de que preparemos más frutas y verduras, y menos comida chatarra; sirvamos porciones adecuadas; comamos a tiempo. 
  • “Dormir el tiempo suficiente”: depende de que programemos nuestra levantada, calculemos ocho horas de sueño, apaguemos el celular o el televisor, relajemos nuestro cuerpo y nuestra mente. 
  • “Hacer ejercicio con regularidad”: depende de que alistemos nuestra ropa deportiva, establezcamos una meta, elaboremos una rutina, contratemos un entrenador, vayamos al gimnasio, a la piscina o a la pista. 

Nuestros propósitos pueden cumplirse (efecto) siempre y cuando hagamos lo que nos corresponde (causa). En términos de nuestra calidad de vida, la causalidad es nuestra amiga. 

El problema es que muchas veces aprendimos a hacer todo lo contrario de lo que nos conviene: 
  • Compramos “paquetes”, gaseosas y golosinas, comemos a deshoras. 
  • Nos acostamos muy tarde, a ver nuestro celular o navegar con nuestro PC. 
  • Nos decimos que estamos muy cansados o buscamos excusas para no hacer ejercicio. 

¿Cómo podemos pasar de lo que “sabemos hacer”, cuando se opone a nuestros propósitos, a lo que “debemos hacer” para cumplir con ellos? 

El punto de partida es tomar conciencia de: 
  • Nuestras necesidades psicológicas: gracias a una alimentación balanceada, un sueño reparador y el ejercicio frecuente podremos estar saludables y mantener nuestra autonomía; gracias a que pasemos más tiempo con nuestra familia o que cultivemos a nuestros amigos, se fortalecerá nuestra relación; gracias a que estudiemos, viajemos o ejercitemos nuestro autocontrol, desarrollaremos nuestras competencias. 
  • Nuestros valores: establecer la relación de nuestros valores más preciados (por ejemplo, amor, solidaridad, respeto, responsabilidad, justicia) con nuestros propósitos y la satisfacción de nuestras necesidades. 
  • Nuestra identidad: elegir y cultivar lo que queremos que nos caracterice, por lo menos en algún momento de nuestra vida. 
  • Nuestros motivos: plantearnos las razones o los “para qué” que nos mueven en nuestro día-a-día a actuar, a realizar determinadas acciones relacionadas con nuestros propósitos. 
  • La regulación propia de las acciones: reconocer en qué consiste cada actividad que “debemos hacer”, es decir, las circunstancias de tiempo, modo y lugar que debemos tener en cuenta para que nos sirvan para lograr lo que nos hemos propuesto. 

Veamos un ejemplo aplicado a nuestro propósito de “dormir el tiempo suficiente”, siguiendo estos factores del último hasta el primero: 
  • Debemos dormir en la noche (regla), entre 8 y 10 horas (regla), todos los días (regla), en un lugar oscuro (regla), lejos de aparatos electrónicos (regla), habiendo apagado todos los equipos (regla), en la cama (regla) que no utilizamos para estudiar, trabajar ni comer (regla), 
  • ...Para despertarnos a tiempo (motivo), estar descansados (motivo); para poder desayunar bien (motivo); para que nos alcance el tiempo para alistarnos con tranquilidad (motivo); y para poder cumplir con nuestra agenda diaria (motivo), 
  • ...Porque somos estudiantes (identidad), trabajadores (identidad) o, simplemente, personas (identidad), 
  • ...Que queremos hacer las cosas bien (valor), con responsabilidad (valor) y aprovechando las oportunidades (valor). 
  • ...Para estar “despiertos”, es decir, alerta y atentos (necesidad), aprender y desarrollar nuestras competencias (necesidad), relacionarnos activamente con los demás (necesidad), construir relaciones positivas y duraderas (necesidad), hacer lo que queremos y nos conviene (necesidad) y vivir mejor (necesidad). 

Cuando escribimos las reglas de las acciones (causas) que nos permiten lograr nuestros propósitos (efectos), en el contexto nuestros motivos, nuestra identidad, nuestros valores y nuestras necesidades, es más probable que las iniciemos y las mantengamos durante el tiempo necesario. 

Tal vez, ya no sea problema “desaprender” las costumbres que no nos convienen y, con algún esfuerzo, podremos iniciar y mantener las acciones que son coherentes con nuestros mejores propósitos. 

Haz un ejercicio de tomar “tomar conciencia”, escribiendo: 1) las reglas de las acciones y 2) tus motivos, 3) identidad, 4) valores y 5) necesidades, respecto del propósito que hoy te resulta más desafiante. ¡Manos a la obra! 

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sábado, 8 de febrero de 2020

Diseñar ambientes favorables para el desarrollo

Cómo familias, colegios, universidades y organizaciones contribuyen a nuestro crecimiento.



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A veces no nos sentimos bien donde estamos; le pasa a los niños en el colegio, a los jóvenes en la universidad, a los empleados en el trabajo y a las parejas en la relación. Cuando esto sucede, queremos cambiar de colegio, carrera, trabajo o pareja, porque creemos que vamos a estar mejor en otra parte o con otras personas.

Sin embargo la “Ley de Murphy” nos advierte que “Por mal que vaya algo, siempre es susceptible de empeorar”.

Entonces, ¿cómo podemos saber cuándo nos conviene seguir donde estamos o cuándo debemos irnos a otra parte?

¿Qué te gusta del contexto donde vives?, ¿Qué te resulta desagradable?, ¿Cómo puedes elegir ambientes positivos?

Todos sabemos que el ambiente en el que estemos puede ser agradable o desagradable, pero cuando se trata de establecer si un contexto social es conveniente o no para el bienestar psicológico, nuestra decisión puede ser más difícil.

Nos vamos fácilmente de una cafetería, un bar o un cine que nos desagrada; pero nos resulta más difícil cambiar de colegio, carrera, trabajo o pareja.

Y, sin embargo, muchas veces de eso se trata la vida: tomar decisiones, establecer relaciones y realizar acciones para estar en ambientes favorables para nuestro bienestar y el de las personas que amamos.

La Teoría de la Autodeterminación (2015) nos da muchas luces cuando queremos elegir el ambiente social que más nos favorezca o que sea conveniente para el bienestar psicológico de nuestros hijos, estudiantes o empleados.

Desde que nacemos, y a lo largo de nuestra vida, usamos elementos del medio ambiente (aire, agua, alimentos, abrigo) para atender nuestras necesidades fisiológicas.

Igualmente, el medio ambiente resulta importante para nuestra necesidad de seguridad, tanto en lo que se refiere a los riesgos que enfrentamos como a la manera de protegernos de los mismos. Y así pasa con las demás necesidades sociales y psicológicas.

En lo que se refiere a éstas últimas, el medio ambiente puede:
  • Aumentar o disminuir la intensidad de algunas necesidades específicas.
  • Apoyar o frustrar la satisfacción de tales necesidades.


Así como le sucede al explorador que atraviesa un desierto y llega a un oasis, algunas necesidades pueden ser más intensas en ciertos ambientes y algunos ambientes pueden ser más favorables para nosotros.

Tratándose de nuestras necesidades psicológicas, los contextos sociales se diferencian por:

  • Las demandas que nos imponen
  • Los obstáculos que implican
  • Los apoyos o nutrientes que nos brindan

Aunque nuestro desarrollo es algo que tenemos “programado” en nuestros genes, nuestro desarrollo psicológico depende, en gran medida, del contexto social inmediato que nos rodea: familia, colegio, universidad, trabajo, vecindario, por ejemplo.

En este sentido, el desarrollo psicológico saludable “es algo que las personas hacen por sí mismas al actuar sobre los estímulos que buscan o que se les imponen” (Deci y Ryan, 2015).

Esa constante interacción entre nosotros y el ambiente social, con todas las diferencias en situaciones, dominios y culturas, puede resultarnos favorable para nuestras necesidades psicológicas:


“(…) los contextos sociales catalizan diferencias en la motivación dentro y entre las personas y en el crecimiento personal, resultando en personas que están más auto-motivadas, energetizadas, e integradas (…) (Deci y Ryan, 2000).

Sin embargo, “contextos sociales que engendran conflictos entre las necesidades básicas establecen las condiciones para la alienación y la psicopatología” (Ryan et al., 1995).

Así mismo, “El control excesivo, los desafíos no-óptimos, y la falta de conectividad, (…) (no sólo) resultan en la carencia de iniciativa y responsabilidad sino también en distréss (estrés negativo, angustia) y psicopatología” (Deci y Ryan, 2015).

En resumen, es la interacción entre nosotros, como organismos activos orientados hacia nuestro crecimiento, y los diferentes contextos sociales que frecuentamos, lo que constituye el punto crítico de nuestra motivación, conducta y desarrollo.

Por lo tanto, al diseñar o elegir los ambientes sociales que más nos favorezcan, debemos calificar positivamente la posibilidad de:

  • Desarrollar nuestras competencias
  • Relacionarnos positivamente
  • Actuar con autonomía

Y calificar negativamente, aquellos ambientes que se caractericen por:
  • Muy baja exigencia
  • Retos exagerados
  • Pobres o disfuncionales relaciones interpersonales
  • Alto control de la conducta

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sábado, 1 de febrero de 2020

Aprendiendo a volar


La importancia de las relaciones positivas.



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Una madre que empuja a sus polluelos al vacío para que vuelen por primera vez; otra madre que se lanza al agua para que sus paticos naden detrás de ella. ¿Cómo debemos interpretar esto cuando hablamos de autodeterminación humana?

¿Qué actividades disfrutas con los demás?, ¿Quiénes te invitan a compartir actividades?, ¿Cómo pueden ayudarte otros a cumplir tus metas?

Podríamos pensar que basta con dar un empujón o un tirón, en el momento oportuno, para que los hijos, estudiantes o empleados “se suelten” -“vuelen” o “naden” por su cuenta- y, así, sigan su propio camino con determinación.

También “Saltar al vacío” o “tirarse al agua” son metáforas del valor que hay que reunir en algunos momentos de la vida para hacer lo que nos dice nuestra conciencia, ser nosotros mismos y actuar con autenticidad.

Es decir, necesitamos actuar con valentía o resolución para hacer lo que nos motiva “desde adentro” porque ese es el camino de nuestra autodeterminación.

En algunas circunstancias, a esa valentía o resolución la llamamos “dar el primer paso” y para todos nosotros es claro que si no lo damos, no podremos recorrer el camino de nuestra propia autodeterminación.

Por ejemplo, un estudiante tiene que ir a su primera clase de pintura, guitarra o ballet, si quiere desarrollar sus habilidades artísticas; un profesional tiene que asociarse o realizar una primera venta, para construir su negocio. En el terreno de hacer lo que nos motiva, todo comienza con los primeros pasos.

Es bastante claro que nuestra autonomía es el factor más importante de la motivación intrínseca que, a su vez, es el prototipo de la conducta autodeterminada.

Lo anterior significa que la mejor manera de comprender, y vivir, nuestra propia autodeterminación es identificar aquellas actividades que hacemos simplemente por que disfrutamos haciéndolas.

Pintar, tocar guitarra, bailar, escribir, leer, ir al cine, ayudar a otros, avistar aves, explorar bosques, hacer ejercicio, correr, investigar, inventar, son ejemplos de conductas que pueden motivar intrínsecamente a algunos.

Algunas de estas actividades pueden ser ejecutadas en soledad y disfrutadas plenamente; parece ser que la condición clave es nuestra sensación de que las hemos elegido nosotros mismos y las hacemos por nuestra cuenta.

Otro factor que fortalece nuestra motivación intrínseca, al realizar una actividad autónoma, es nuestra experiencia de que “somos capaces” y desarrollamos nuestra competencia, para mejorar a medida que pasa el tiempo.

De ahí que los padres de familia, educadores y gerentes, sabemos que cuando apoyamos la autonomía y la competencia de los individuos, florece su motivación intrínseca de manera más evidente.

Todo parecería muy “fácil” para educadores o administradores, en el sentido de contar con las estrategias para fomentar la motivación y la autodeterminación de las personas.

Sin embargo, la experiencia nos muestra que algunas personas, siendo apoyadas en su autonomía y competencia, manifiestan una auténtica motivación por determinada actividad pero no actúan con determinación en el momento de perseguir sus propias metas.

Por ejemplo, conocí el caso de una joven que quería ser piloto de avión. A pesar de que su familia la apoyó a regañadientes para que hiciera el curso, certificándose como piloto comercial -actividad que dice disfrutar aún-, realmente ella no había hecho el menor esfuerzo para hacerse una carrera en el mundo de la aviación ni había cumplido las metas que se había trazado durante 3 años.

Las cosas cambiaron positivamente, cuando ella se unió a un club de pilotos donde conoció a su actual pareja. Ya está participando en un proceso de selección de una importante aerolínea.

Este caso puede servirnos para darnos cuenta que el apoyo a las necesidades de autonomía y competencia, a veces, no es suficiente. Cuando esto sucede, debemos brindar apoyo a la necesidad de relación para impulsar la autodeterminación de las personas.

El apoyo a la necesidad de relacionamiento o afiliación, probablemente funciona como un catalizador de la “reacción” que genera el apoyo a la autonomía y la competencia de los individuos.

Según la Teoría de la Autodeterminación (2015), hay una “mayor tendencia al florecimiento de la motivación intrínseca en contextos caracterizados por una sensación de seguridad y de estar relacionado” (Deci y Ryan, 2000) o “una base de relaciones seguras (firmes) parece ser importante para la expresión de la motivación intrínseca” (idem).

En conclusión, un empujón o un tirón es oportuno, para que los hijos, estudiantes o empleados “se suelten” y actúen con determinación, cuando ellos perciben apoyo a su necesidad de relación, además del apoyo prioritario a su competencia y autonomía.


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sábado, 18 de enero de 2020

El sentido de la autonomía

La experiencia subjetiva debe ratificar las condiciones sociales. 


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A pesar de que estén llegando a los cuarenta, algunos jóvenes adultos no se sienten preparados para salir de su casa y asumir su propia autonomía. Algo debe estar fallando en su situación. 

¿Cómo reconoces tu autonomía?, ¿cuándo se te facilita actuar con autonomía?, ¿en cuáles esferas de tu vida puedes desarrollar más autonomía? 

Diferentes estudios han demostrado que podemos promover la autodeterminación de las personas cuando facilitamos su autonomía: 
  • En un experimento de laboratorio, Deci, Eghrari, Patrick, y Leone (1994) demostraron que el mero hecho de explicar una conducta y apoyar la autonomía, era suficiente para facilitar su internalización e integración. 
  • Empleando entrevistas a los padres, Grolnick y Ryan (1989) encontraron que los padres cuando apoyaban la autonomía y el relacionarse, facilitaban una mayor internalización de los valores relacionados con la escuela entre sus hijos. 
  • Strahan (1995) identificó que los padres que apoyaban más la autonomía promovían una mayor identificación religiosa en sus hijos. 
  • En un diseño longitudinal, Williams y Deci (1996), observaron una mayor internalización de valores y practicas bio-psico-sociales entre estudiantes de medicina cuyos orientadores apoyaron más su autonomía. 

En resumen, promovemos la autodeterminación cuando actuamos en contextos sociales que facilitan la autonomía de las personas. 

¿Cómo podemos saber si estamos creando ambientes que favorezcan la autonomía? 

Así de sencillo: un ambiente es favorable para la autonomía cuando el individuo puede actuar con autonomía. 

Veámoslo desde la perspectiva de nuestra propia experiencia subjetiva: 

Poder actuar con autonomía implica que podemos tener una experiencia de libertad, voluntad y elección personal al realizar nuestras actividades y tareas. 

Esta experiencia ocurre dentro de nosotros mismos cuando comprendemos el significado de nuestras acciones y lo sintetizamos con nuestros propios valores, reglas o metas. 

Cuando esto sucede, decimos que ocurre una adecuada internalización de los motivos. 

Pero hay que tener en cuenta que la internalización de los motivos externos puede variar enormemente en cuanto su efectividad; en algunos circunstancias, podemos internalizarlos escasamente y en otras circunstancias podemos internalizarlos más efectivamente. 

Según los diferentes grados de internalización de las regulaciones y los valores asociados a las acciones, experimentaremos los diferentes tipos de motivación que ya hemos explicado en otras publicaciones: desde percibir sólo motivos externos hasta apreciar motivos auténticamente personales. 

En este sentido, los contextos sociales que promueven la autodeterminación son aquéllos que podemos representarlos como favorables para nuestra autonomía y donde nosotros mismos transformamos nuestros valores y nuestros horizontes de vida. 

Como educadores, no basta que declaremos el hecho de promover la autonomía de nuestros hijos, estudiantes o clientes; es necesario, impulsarlos a que verdaderamente ellos mismos se reconozcan pensando y actuando con autonomía en los diferentes escenarios de su vida. 

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Nota: Los estudios mencionados han sido citados por Ryan y Deci, 2000 y 2015.


sábado, 11 de enero de 2020

Sí se puede motivar a otros

"Nadie motiva a otros" es un mito sin fundamento científico. 



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Todos queremos que nuestros hijos sean responsables, que nuestros estudiantes progresen, que nuestros clientes se beneficien, que los empleados trabajen con calidad y que los ciudadanos muestren cultura. 

¿A quienes debes motivar?, ¿qué haces para motivar a otros?, ¿cómo sabes que los has motivado? 

Padres de familia, educadores, profesionales y líderes, nos enfrentamos todos los días al reto de motivar a otros para que hagan lo que es bueno para los demás. 

Por ejemplo debemos motivar:
  • A nuestros hijos para que sean responsables, respetuosos y creativos 
  • A los estudiantes para que desarrollen sus competencias y actúen con ética 
  • A nuestros clientes para que sigan nuestras recomendaciones 
  • A las personas para que contribuyan al bien común

El reto de motivar a otros equivale, ni más ni menos, a lograr que hijos, estudiantes, clientes, trabajadores y ciudadanos, se comprometan con acciones que son importantes para nosotros y por eso deseamos que ellos las realicen. 

Por ejemplo: 
  • Que nuestros hijos colaboren con algunos oficios en casa, como arreglar su habitación. 
  • Que nuestros estudiantes hagan silencio cuando otro habla. 
  • Que nuestros clientes asistan a las citas y cumplan sus tratamientos. 
  • Que los trabajadores den lo mejor de sí mismos en el desempeño de sus cargos. 
  • Que los ciudadanos participen activamente en los proyectos del gobierno local. 

Cuando las acciones son importantes para otros pero, inicialmente, no lo son para el individuo, decimos que se trata de “acciones extrínsecamente motivadas”, es decir, acciones motivadas “desde afuera” del individuo que las debe realizaar. 

Para que estas acciones extrínsecamente motivadas se vuelvan importantes para el individuo, es necesario un proceso de internalización de las regulaciones de tales acciones. 

Lo anterior significa que el individuo, por ejemplo, interioriza e integra a sus “motivos personales” las tareas y las reglas que corresponden a: 
  • Mantener la casa limpia y ordenada, en el caso de nuestros hijos. 
  • Escuchar a los demás, en el caso de los estudiantes. 
  • Realizar las terapias, tomarse los medicamentos o asistir a los controles, en el caso de los clientes. 
  • Trabajar con calidad y en equipo, en el caso de los empleados. 
  • Aportar ideas, fomentar la convivencia y respetar las normas, en el caso de los ciudadanos. 


Para que puedan internalizar tales acciones debemos crear un contexto que apoye las necesidades psicológicas básicas de nuestros hijos, estudiantes, clientes, trabajadores y ciudadanos.


No basta con palabras bonitas ni “palmadas en la espalda”; es necesario crear “sistemas” o ambientes donde se promueva la autonomía, la competencia y la afiliación de los individuos. 

Diferentes estudios han encontrado, por ejemplo, que el apoyo a las competencias del individuo facilita la internalización de las acciones en los otros (Vallerand, 1997), porque facilitan el desarrollo de la capacidad del individuo para realizar las acciones correspondientes. 

Esto es muy interesante porque ya sabemos cómo motivar a otros para que realicen las acciones “extrínsecamente motivadas” con compromiso, esfuerzo y desempeño de alta calidad (Ryan y Deci, 2000) contribuyendo a su propio bienestar y el de los demás. 

En resumen, si creamos ambientes favorables para las necesidades psicológicas básicas, incluyendo el desarrollo de competencias, facilitamos la internalización de las acciones “extrínsecamente motivadas” al punto de que los individuos podrán estar comprometidos y ser auténticos con tales acciones.

En esto consiste la educación y en ello radica el inmenso poder motivador de quienes debemos motivar a otros.

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