sábado, 19 de octubre de 2019

Cómo se puede motivar “desde afuera”

El poder de la regulación externa. 

(Al final, hay un video de esta publicación)

Cuando estamos aprendiendo cualquier técnica, por ejemplo, para sumar, dibujar o tejer en lana correctamente, recibimos modelos y reglas que debemos tener en cuenta y repetir. Es decir, nuestro aprendizaje se refiere a la regulación específica del “arte” de sumar, dibujar o tejer. 


¿Quiénes han sido ejemplo para ti?, ¿Cuáles han sido sus mejores enseñanzas?, ¿Cuáles reglas sociales te parecen importantes? 

Se dice que “nadie motiva a nadie” en un intento de afirmar que “debemos motivarnos a nosotros mismos”. No obstante, hay que reconocer que nuestro aprendizaje, incluso nuestra conducta en general, puede referirse a modelos externos: 
  • “La suma es este resultado” 
  • “Copia este dibujo” 
  • “Éste es el suéter que vamos a tejer” 

O puede referirse a reglas: 
  • “Comienzas sumando las cifras de la derecha” 
  • “Ten en cuenta las proporciones de la figura humana” 
  • “Coge las agujas de esta manera” 


La regulación también es un concepto central en lo biológico (nuestro cuerpo tiende hacia el equilibrio homeostático), lo cognitivo (intentamos resolver las contradicciones en nuestro modo de pensar) y lo social (tendemos a adoptar costumbres, modas y tendencias de nuestro grupo de referencia). 

En general, nuestro aprendizaje siempre implica la adopción de modelos y la repetición de acciones que son importantes o valiosas, es decir, procesos de regulación de nuestra conducta. La regulación, entonces, consiste en la prescripción y/o adopción de conductas y valores. 


Cuando la prescripción de conductas y valores, proviene de terceros, es decir, instituciones (familia, escuela, empresa, sociedad) o personas (padres de familia, maestros, entrenadores, supervisores, jefes), hablamos de regulación externa. 

La regulación externa, en este sentido, es un factor importante en la formación y educación de los menores, así como en todas las instancias de la vida en sociedad. 


Quienes tienen responsabilidades en la socialización o educación de personas, muchas veces recurren a las amenazas o recompensas para ejercer cierta presión a favor de las conductas deseadas. 

Las personas, desde la infancia y durante la adultez, adoptamos modelos y reglas de las conductas deseadas por nuestros “formadores”, cuando se trata de personas significativas o relevantes para nosotros y cuando nos sentimos competentes por o para hacerlo (Ryan y Deci, 2000). 


Es decir, a través de nuestra vida, las personas recibimos mucha regulación externa cuya función principal es lograr el control de nuestra conducta. En principio, esto no es malo ni bueno; todo depende de cómo adoptemos la regulación externa y de lo que hagamos con ello. 

Desde este punto de vista, los modelos y reglas que otros nos presentan y que adoptamos, se convierten en motivos que guían nuestra actuación. De ahí que la regulación externa, con sus modelos y reglas de conductas, particularmente cuando es adoptada por nosotros, claramente influye en nuestra motivación. 


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sábado, 12 de octubre de 2019

El camino hacia nuestro bienestar psicológico

Cuidado con el papel que juegan nuestras aspiraciones y metas. 



La historia se repite con frecuencia: alguien que lo tiene todo, renuncia a todo para estar cerca de su familia y vivir con tranquilidad. 

¿Qué te hace sentir bien?, ¿Qué te hace sentir mal?, ¿Qué puedes hacer para sentirte mejor? 

Bienestar psicológico


Cuando gozamos de bienestar psicológico: 
  • Tenemos confianza en nuestra capacidad para afrontar los momentos difíciles 
  • Nos aceptamos y amamos como somos 
  • Desarrollamos nuestras competencias y habilidades 
  • Manejamos adecuadamente nuestras emociones 
  • Nos relacionamos eficazmente con los demás 
  • Disfrutamos nuestra vida 
  • Experimentamos un sentido de autodeterminación 

El bienestar psicológico es uno de los aspectos de la salud en general y se convierte en uno de las vivencias más apreciadas en nuestra vida, máxime cuando atravesamos circunstancias difíciles. 

Es variable


Como la mayoría de las experiencias humanas, nuestro bienestar psicológico varía a través del tiempo; incluso, en un momento podemos sentirnos muy bien y al poco tiempo muy mal; también nos puede pasar que en algunos aspectos de nuestra vida estemos bien y en otros no lo estemos. 

Dicho en otras palabras, experimentamos diferentes niveles de bienestar psicológico en cada uno de los momentos y las dimensiones de nuestra vida. 

Depende de la satisfacción de nuestras necesidades


Estos niveles variables de bienestar psicológico dependen, en gran medida, de la satisfacción de nuestras necesidades psicológicas básicas, es decir, la satisfacción o no de nuestras necesidades de competencia, afiliación y autonomía. 

Obviamente, también puede haber diferentes grados de satisfacción de nuestras necesidades psicológicas: en algunas etapas de nuestra vida podremos estar más satisfechos con nuestras relaciones de amistad; en otras, con el desarrollo de nuestras competencias y, en otras, con nuestra propia autonomía. 


El grado de satisfacción de cada una de nuestras necesidades psicológicas básicas dependerá de lo que efectivamente hagamos o dejemos de hacer, es decir, de nuestras propias acciones y omisiones. 

La importancia de nuestras aspiraciones


Nuestra conducta está dirigida, en gran medida, por nuestros deseos y metas. Sin embargo, a veces albergamos aspiraciones que no satisfacen apropiadamente nuestras necesidades psicológicas básicas -relación, competencia y autonomía-, poniendo en peligro nuestro propio bienestar psicológico. 


Por ejemplo, conocemos el caso de muchas personas que habiendo aspirado a cargos de poder o autoridad, terminan por renunciar a ellos cuando sufren infartos, estrés, ansiedad, depresión o el un vacío existencial. 

Como en la caza, en el deporte del tiro al blanco o en la fotografía, es muy importante elegir apropiadamente nuestros objetivos.

Aspiraciones extrínsecas 


Estar a la moda, darle gusto a otra persona, ser aceptados en un círculo social, ganarnos un premio, ser ricos, ser famosos, tener poder, evitar un castigo, son ejemplos de objetivos externos o motivación extrínseca, con muy poca capacidad para satisfacer eficazmente nuestras necesidades psicológicas básicas. 

Aspiraciones intrínsecas


Aprender, desarrollar nuestras habilidades y destrezas, fortalecer nuestros recursos internos y talentos, ser mejores personas, establecer lazos de amistad, respeto y lealtad, disfrutar lo que hacemos, aportarle algo a la comunidad, son objetivos intrínsecos, o motivación intrínseca, con alto impacto en la satisfacción de nuestras necesidades psicológicas y, por consiguiente, en nuestra satisfacción. 


Quienes somos educadores, en los diferentes contextos de la vida, tenemos el deber de generar espacios donde tengan prelación las expectativas, aspiraciones y objetivos intrínsecos.

Así, los niños, jóvenes o adultos a quienes pretendemos ayudar, se enfocarán en actividades que podrán satisfacer sus necesidades psicológicas básicas y evitarán perderse en acciones que favorezcan sólo a terceros o que sean manipuladoras, engañadoras o consumistas. 


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sábado, 5 de octubre de 2019

Autoevaluación: ¿Cómo motivas a otros?

Estrategias para fortalecer la motivación intrínseca. 


¿Qué haces para motivar a alguien que amas o aprecias? 


Cuando alguien cercano a nuestra vida parece que está aburrido o desinteresado, su actitud puede preocuparnos y afectarnos. 

Pensemos, por ejemplo, en un buen amigo, un hijo, un estudiante, un empleado o un compañero de equipo… Si está “apagado” o “desconectado”, es natural que queramos ayudarlo; a veces, tal ayuda se orienta a motivarlo. 

¿Cómo te motivas?, ¿Cómo motivas a otros?, ¿Cuáles son tus recursos internos para mantener tu motivación? 

En una publicación reciente, dijimos que la motivación intrínseca es esa fuerza interior y el gozo que experimentamos cuando una actividad es “realizada por la satisfacción inherente que ocasiona la actividad por sí misma” (Deci y Ryan, 2000).


Elige las acciones que pueden ser más útiles para motivar, “revivir” o “conectar” a alguien frente a una actividad: 

1. Señalarle con paciencia la conducta inadecuada que está teniendo 

2. Ofrecerle o recordarle que puede ganarse un premio o una recompensa tangible 

3. Advertirle con cariño una consecuencia negativa, una amenaza o algo que debe temer 

4. Imponerle con firmeza un plazo para que cambie 

5. Definirle una meta, un logro o un resultado verificable que debe alcanzar 

6. Establecer una fecha límite, que sea razonable, para que alcance una meta o cumpla con algo 

7. Explicarle motivos, resultados o razones que debe tener en cuenta y acoger 

8. Indicarle que está siendo evaluado y que hay notas o calificaciones 

9. Preguntarle qué es lo que quiere hacer o cómo puede aportar 

10. Señalarle aspectos positivos de su comportamiento o actitud actual 

11. Mostrarle logros recientes o aportes importantes que haya hecho 

12. Dar a conocer a otros las “cosas positivas” que tiene o ha alcanzado 

13. Subrayar sus capacidades para realizar las tareas o actividades 

14. Identificar opciones o alternativas entre las cuales puede elegir actividades o compromisos 

15. Involucrarlo en la organización o planeación de la actividad que debe realizar 

Si elegiste algunas de las primeras acciones (1 a 8), podrías lograr el efecto contrario, es decir, disminuir lo poco de motivación intrínseca para la actividad que debe realizar y que puede quedarle en ese momento. 


Si observas con detenimiento, aunque todas las acciones son bien intencionadas, las primeras ocho funcionan como factores externos o ajenos a la conducta que esa persona debe mostrar o la actividad que debe realizar. 

Si elegiste algunas de las últimas acciones (9 a 15), es posible que logres ayudar a esa persona acrecentando su motivación intrínseca para que pueda disfrutar algunas actividades que se requieren. 


Estas últimas siete acciones se refieren a temas relacionados con su competencia, su capacidad para hacer determinadas cosas, y su autonomía, su derecho a elegir por sí mismo. 

Los estudios han mostrado una relación importante en el hecho de fortalecer las competencias de la persona, favorecer un “locus interno de causalidad” -esa sensación de que “yo” causo o elijo mi conducta- (deCharms, 1968) y generar espacios suficientes para que pueda actuar con autonomía (Fisher 1968, Ryan 1982), con el fortalecimiento de la motivación intrínseca. 


Igualmente, la investigación empírica ha llevado a concluir que “las recompensas tangibles (…) las amenazas, las fechas de cumplimiento, las directivas, las presiones de las evaluaciones y las metas impuestas reducen la motivación intrínseca (Deci & Ryan, 1985). 


De manera, que la próxima vez que quieras ayudar a alguien que parece apático o ajeno a alguna actividad no seas simplista ni superficial: no recurras a la palmadita en el hombro, al sentido del “deber” o a un incentivo externo. 


En lugar de ello, conecta a esa persona con sus capacidades, habilidades o talentos y su derecho a escoger las actividades que quiere realizar; si esto último no es posible o hay restricciones significativas, por lo menos, ayúdale a encontrar modos propios, y más gratificantes, de hacer lo que toca. 


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sábado, 28 de septiembre de 2019

Todos para uno

El poder de la motivación se fortalece con la equifinalidad. 


A veces, el día funciona como si estuviéramos preparando una receta: todos los ingredientes se mezclan para nuestra preparación.


Un fin de semana planeas pasar la tarde viendo películas o series, pero de pronto recuerdas un compromiso y apagas el portátil. Una mañana madrugas, te arreglas y sales muy temprano de casa a presentar esa entrevista que tanto anhelas. 

¿Qué te motiva hoy?, ¿Cuándo sientes que tu motivación es poderosa?, ¿Cómo te enfocas en tu vida? 

Hay días que parecen tener una única finalidad. Todo lo que hacemos está en función de ese compromiso o esa entrevista. 


Cuando tenemos un motivo importante, también nuestros pensamientos, conocimientos, sentimientos y actitudes se ponen en función de nuestra conducta. 

Con una fuerte motivación, el motivo que perseguimos es el resultado de múltiples causas; muchas de éstas son causas “internas”, por ejemplo, valores, gustos, preferencias, gustos, sentimientos, habilidades, conocimientos, pensamientos, etc. 


Un principio importante en la teoría de sistemas, es la equifinalidad; consiste en que un resultado puede tener varias causas o, lo que es lo mismo, múltiples causas puede producir un único resultado. 

La equifinalidad es un aspecto importante de la activación de nuestra energía física y mental; también lo es de nuestras intenciones. 


La equifinalidad es una característica y un efecto muy importante de nuestras motivaciones: frente a la dispersión de “ofertas” de nuestra sociedad de consumo y frente a la variedad de tareas y responsabilidades que recargan nuestra agenda diaria, cada motivación tiene un efecto unificador de nuestros recursos internos para alcanzar aquello que nos motiva. 

El poder de nuestra motivación reside en gran medida en el poder de la equifinalidad: múltiples causas trabajando en pos de un mismo resultado. 

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sábado, 21 de septiembre de 2019

La quinta, ¿la vencida?

El poder que nace de la persistencia. 



Un actor de cine que gana el Oscar después de cinco nominaciones, un candidato que llega a la Presidencia de su país después de tres campañas, una nadadora de 64 años que logra llegar a la Florida desde Cuba después de 4 intentos fallidos. 

¿Qué has logrado después de varios intentos?, ¿En qué cosas se te facilita ser persistente?, ¿Qué tareas abandonas cuando encuentras dificultades? 


Muchos son los ejemplos de personas que han logrado sus metas con base en su persistencia. 

La persistencia, junto a la preferencia y el vigor, es uno de los factores o criterios de la conducta motivada (Beck, 1978); nada más convincente que una persona dedicando mucho tiempo a una actividad y su inclinación a mantenerse en ella, como manifestación de su auténtica motivación. 


Cuando disfrutamos las tareas o nuestros pasatiempos “hay más interés, excitación y confianza, lo cual a su vez se manifiesta en tanto en un incremento del desempeño, la persistencia, y la creatividad” (Deci & Ryan, 1991; Sheldon, Ryan, Rawsthorne, & Ilardi, 1997). 

La persistencia se define (French, 1948, citado por Galimberti, 2002) como perseguir “un objetivo con disposición a aceptar y superar dificultades y obstáculos gracias a una fuerte motivación orientada al logro del objetivo” (logro), aunque también puede tratarse de la persistencia orientada al fortalecimiento de las relaciones interpersonales (afiliación) o a la consolidación de una posición privilegiada (poder). 


Nos hemos acostumbrado a ver la persistencia como una característica positiva del comportamiento creativo o emprendedor. Sin embargo, en el contexto de las anomalías mentales, la perseveración que consiste en la “repetición monótona y sin propósito de un comportamiento verbal o gestual que no se consuma ni siquiera después de haber alcanzado el objetivo por el que se inició”, es una variante particular de la persistencia que no constituye una virtud (perseverancia). 

La diferencia entre persistencia y perseveración radica en el hecho del significado de la conducta en el contexto específico donde se ejecuta. Veámoslo con un ejemplo relacionado con la famosa “cantaleta” de los padres hacia los hijos: 
  • El papá o la mamá de un joven, cuando va a salir con sus amigos, le recuerda que debe ser prudente con el consumo de licor; se lo dicen cada vez que va a salir pero sólo una vez en ese momento. Son persistentes con el mensaje. 
  • El papá o la mamá le recuerda que debe ser prudente con el consumo de licor, que la última vez tomó en exceso, que la otra vez ni se acuerda de lo que pasó, que una vez casi se pone a pelear, que está tomando mucho, que esos amigos no le convienen, que lo van a volver a castigar, que no puede llegar a casa borracho… Su mensaje peca por perseveración. 

En términos educativos, la persistencia puede destacar algunos valores y puede ser una herramienta de formación, pero la perseveración aleja y deteriora la relación entre mayores y educandos. 

Sin embargo, la principal diferencia entre persistencia y perseveración no estriba en la cantidad de palabras que se dicen ni en el tiempo que dura la actividad. 


La persistencia es una virtud en cuanto es pertinente al motivo (logro, afiliación o poder) que se persigue y a los obstáculos que se enfrentan en el proceso; cuando el motivo se ha alcanzado, o ya no es pertinente, y cuando los obstáculos han sido resueltos o pueden ser evitados, la persistencia se acerca a perseveración y pierde su valor creativo o productivo. 

Por lo tanto, estamos invitados a persistir sin caer en perseveración. 


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sábado, 14 de septiembre de 2019

¿Cómo es tu desempeño?

Cuatro elementos claves de un buen desempeño. 

Una de las frases que más se repite en una entrevista de selección es: “Deme la oportunidad y yo le prometo que lo voy a hacer muy bien”. Una promesa general como ésta, la escuchamos cientos de veces quienes trabajamos en selección de estudiantes o de trabajadores. 

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¿Cuáles son tus deberes?, ¿Cómo cumples con ellos?, ¿Qué resultados estás obteniendo? 

Cuando alguien quiere ser admitido en unos estudios o en un empleo, sabe muy bien que debe estar a la altura del reto, es decir, que debe mostrar que es capaz y está motivado para desempeñarse de acuerdo con su deber. 

Por eso, los aspirantes siempre quieren convencer a sus entrevistadores de que son muy buenos y “merecen la oportunidad”. De alguna manera, cada candidato a un cupo de formación o un empleo, aprovecha el proceso de selección para empeñar su palabra, prometiendo un desempeño acorde con la situación. 

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¿Qué es desempeño? 


En general, el desempeño es la actividad que realizamos en cumplimiento de nuestras obligaciones: si somos estudiantes, hacemos tareas, estudiamos lecciones, preparamos exámenes, etc.; si somos empleados, cumplimos con nuestras funciones, colaboramos con otros, atendemos clientes, etc., porque tenemos el deber de hacerlo. 

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Quienes supervisan estudiantes o empleados, se interesan por el desempeño requerido y no por la acción en general, porque siempre hay una promesa implícita, es decir, un “contrato psicológico” de actuar según la “obligación” contraída. No en vano, una de las actitudes más apreciadas en los ambientes educativos y laborales es “demostrar un verdadero compromiso” con el deber. 

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No sólo en los entornos académico o laboral, el desempeño es objeto de interés; en aquello que verdaderamente nos interesa, nuestro desempeño adecuado es crucial: también hay un cierto “contrato psicológico” con nosotros mismos cuando se trata de algo que hacemos porque nos gusta, lo queremos o nos interesa. 

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De manera más precisa, el desempeño cumple obligaciones establecidas en dos dimensiones: 
  • El “cómo”: se refiere al proceso o la técnica de la actividad realizada. 
  • El “qué”: se refiere al resultado o beneficio de la actividad. 
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Por ejemplo, un ciclista tiene el deber de desempeñarse muy bien en una carrera: 
  • Cómo: colaborando con su equipo, siguiendo la estrategia de carrera, dosificando sus fuerzas, etc. 
  • Qué: logrando buenos tiempos de carrera, ganando etapas, lanzando al velocista, etc. 
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Más en detalle, el desempeño entendido como categoría central de la relación entre las personas y las instituciones, es el efecto de la interacción de cuatro elementos (Azzen y Fishbein, 1980): 
  • Acción: es la ejecución de la actividad 
  • Resultado: es el efecto o producto de la acción 
  • Contexto: son las circunstancias que anteceden o acompañan la acción 
  • Tiempo: es el período que transcurre mientras se realiza la acción 
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Veamos estos elementos con un ejemplo referido a una actriz de cine o televisión: 
  • Acción: es su ejecución del “papel” y del libreto asignado 
  • Resultado: es la credibilidad que inspira su personaje, tanto en lo dice como en lo que hace 
  • Contexto: es la trama general de la serie o de la película, la actuación de los otros actores, la dirección y la labor de utileros, vestuaristas, escenógrafos, camarógrafos, su propia actitud, etc. 
  • Tiempo: es la duración de toda la obra o de cada una de las escenas 
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Así, diremos que el desempeño de la actriz corresponde a su actuación (acción) convincente (resultado) en una filmación (contexto) y en las escenas (tiempo) que le corresponden. 

Por lo tanto, la próxima vez que tú hagas la promesa de desempeñarte a la altura de las circunstancias, ten en cuenta que te estás comprometiendo a realizar las acciones necesarias para obtener resultados en un contexto y tiempos determinados. Y esto implica dar lo mejor de ti en función de tus deberes y obligaciones. 

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sábado, 7 de septiembre de 2019

No les exijas que sean autónomos

Si tus estudiantes o empleados deben obedecer a una Dirección [férrea]. 

Cuando jugábamos con canicas, esas bolitas multicolores de cristal, todos sabíamos en qué dirección debíamos golpearlas; los jóvenes de ahora, saben en qué dirección deben disparar y en qué dirección deben correr, dentro del campo de paintball. 


¿En qué dirección va tu vida?, ¿Quién marca el rumbo de tu vida?, ¿Qué caminos quieres seguir? 

La dirección es una característica muy importante de cualquier movimiento y, por consiguiente, de la conducta motivada. 


El diccionario (DLE, 2018) define “dirección” como “acción y efecto de dirigir”, de ahí que nuestro término clave sea “dirigir” que consiste en: 

1. “Enderezar, llevar rectamente algo hacia un término o lugar señalado”: recordemos como cambiábamos la posición de nuestro cuerpo, cómo trazábamos una línea imaginaria, cómo limpiábamos el terreno y cómo calculábamos la posición del dedo índice, para dirigir nuestra mara hacia la del adversario. 

2. “Guiar, mostrando o dando las señas de un camino”: pensemos en los gestos y señales de los jugadores de paintball cuando se organizan para avanzar y vencer al equipo contario. 


Por lo tanto, “dirigir” tiene que ver con el camino que lleva algo a un punto determinado, lo cual tiene mucha similitud con una de las acepciones de “dirección”: 

“Camino o rumbo que un cuerpo sigue en su movimiento”: si marcáramos cada uno de los puntos por los que pasa una bolita de cristal en movimiento, cada jugador de paintball en su ataque o huída, cada pelota de pintura que se dispara, esa sucesión de puntos casi en línea recta nos indicaría la dirección del movimiento. 


Pero también “dirección” puede significar un trayecto normativo, es decir, un camino o rumbo que alguien debe seguir cuando está sujeto a cierta autoridad: 

“Consejo, enseñanza y preceptos con que se encamina a alguien”: la educación, la administración laboral, la religión, la ideología y la moral, son formas sociales de dirección, mediante las cuales cada uno sabe en qué dirección moverse, esto es, en qué dirección debe pensar, sentir o actuar. 


De manera, aún más general, el diccionario también define dirección como la “Tendencia de algo inmaterial hacia determinados fines”

En nuestra vida práctica, nuestra dirección está manifestada en nuestras acciones, intenciones, deseos, objetivos y propósitos. Siempre hay un rumbo ya trazado o un camino por recorrer. 


Y es precisamente la dirección de nuestra conducta motivada lo que aquí nos interesa, porque tal dirección puede provenir de una fuerza externa o de nosotros mismos; por ello, hablamos de motivación extrínseca o motivación intrínseca. 

Cuando la dirección corresponde a una autodirección de nosotros mismo, se genera un sentido de autonomía en la acción y, por lo tanto, se fortalece la motivación intrínseca (Deci & Ryan, 1985). 


De manera que hay cierta paradoja en la existencia de una “Dirección” en las instituciones educativas o en las empresas, cuando éstas y aquéllas pregonan la autodirección de los estudiantes o empleados. Cuando esto sucede, se generan dos fuerzas contrarias: la dirección que marca el “Director” y la dirección que sigue cada individuo. 

Por eso, cualquiera que tenga un cargo de “dirección” -sea padre de familia, maestro, supervisor, líder, “influencer”- necesita aplicar una gran sabiduría -que debe revelarse en términos de la técnica o metodología apropiada- para estimular la autonomía y la motivación intrínseca en sus dirigidos. 


Si no tiene esta sabiduría, podrá ser un gran “Director” pero no de personas autónomas, sino de sujetos subordinados que hoy le obedecen pero que mañana pueden seguir el rumbo de otros vientos. 


En cambio, si la “Dirección” se pone al servicio de la autonomía, de las competencias y de las relaciones necesitadas por los niños, jóvenes y adultos, en nuestras familias, colegios y empresas, será un catalizador del desarrollo de la personalidad y de nuestra felicidad. 

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